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Tratado de la introversión de un extrovertido
lunes, 30 de julio de 2007
... de romper con todo. Tengo vértigo, sé que sentiré por fin la libertad de la caída, pero también sé que notaré la angustia de la incertidumbre. Sin embargo, será como quitarse una tirita, dolerá, pero será de un tirón.

Lo siento por ella, pero no soy una ONG, y si algo debía ya lo he pagado con creces.

A veces es necesario morir para volver a nacer.
 
posted by Sam at 9:51 p. m. | 1 comments
jueves, 19 de julio de 2007

Sentado en la fría piedra del foso, el gladiador miraba el dibujo que su espada hacía en la arena, esa arena teñida de sangre de otros gladiadores que, como él, habían estado sentados en esa misma piedra, indiferente a sus dramas, fría como la eternidad.

El combatiente dibujaba dos ondulaciones, quién sabe si simulando el mar que se podía ver desde lo que otrora fue su casa, o las montañas de su villa natal antes de ser capturado por los tratantes de esclavos y vendido al peso como un cordero.

No miraba a nadie, no tenía a nadie que mirar. Si alzaba la vista vería a los que se sentaban frente a él en otras piedras tan gélidas como la suya, aquellos que nunca podrían ser sus amigos; ni siquiera podía esperar compasión o ira en sus ojos, solamente esa sorda sensación de tener que matar y morir por una causa que no es la suya, por gente que no es su gente.

Y creía el luchador que una idea no podía ser asesinada, que la libertad perduraría, que eso le había mantenido vivo hasta hoy. Pero ahora, cuando el sudor de la muerte estaba a escasa distancia de él y podía asegurar, a ciencia cierta, que lo único que duele es el miedo, sus principios empezaban a desmoronarse.

Alguien gritó su nombre. Como otras tantas veces se puso en pie, y comenzó a caminar por la rampa pedregosa hasta esa luz deslumbrante que sabía perfectamente a dónde le llevaba. Y, del lúgubre silencio del foso, pasó al enloquecedor clamor de la arena principal del coliseo, donde decenas de miles de personas pedían su muerte sin haberse cruzado jamás con él, sin conocerle de nada, sólo por disfrute.

Miró al cielo, y se preguntó si todo iba a ser así, si iba a acabar de esta manera, sin un destino mayor esperándole, como un ternero en manos del pastor; y entonces, la desesperación dio paso a la ira, ira resultado de la impotencia de no poder controlar su destino más que a través de la sangre derramada de su adversario, un egipcio armado con una red y un tridente. Y, tras la ira, una vez superado el miedo y la desesperanza, simplemente deseo que todo terminara. No lucharía por su familia muerta a manos de los legionarios aquella mañana neblinosa, tampoco lucharía por su vida, ni por supuesto por el César. No, lucharía porque era lo único que le quedaba para sentirse vivo, evitar las lanzadas del rival era su única manera de decir no, ni aquí ni ahora.

Y, como otras tantas veces, se dirigió con paso firme hacia su adversario consciente de que era tan insignificante su existencia, que todo lo que él había pensado posiblemente estuviera en la mente del que le esperaba unos pasos más allá, tridente en ristre. Y que, en el mejor de los casos, solamente uno de ellos seguiría pensándolo esa noche.
 
posted by Sam at 5:26 p. m. | 2 comments
sábado, 14 de julio de 2007
Miro desde lo alto del mástil de mi barco y observo arena blanca hasta donde llega el horizonte. Más allá no lo puedo más que adviniar, pero ¡por las barbas del Capitán Drake, estoy seguro de que este mar de arena se extiende hasta el infinito!. Me giro en este estrecho espacio de madera para otear el horizonte en busca de lo que sea, un penacho de humo, un brillo lejano, otro capitán Sparrow mirando con su catalejo, pero la respuesta es la misma: arena blanca.

Desciendo por una de las cuerdas hasta la cubierta principal, donde dos réplicas de mí mismo se afanan en una estúpida conversación sobre hacia dónde debo ir. Déjà vu. Ya estaban hablando de esto mismo con estos mismos argumentos ayer. Y hace una semana. Ni me interesa.

Desciendo al suelo arenoso a través de una de las maromas, la que une la quilla con el ancla, para ver si a la sombra de este eterno sol consigo refrescar las ideas. Miro mi brújula, pero no indica nada. Se supone que debería indicar lo que deseo, pero veo que no es así. ¿Es que nada es como era?

Uno de mis yoes, ahora a mi lado -para variar- me comenta que esta semana he tenido no menos de dos oportunidades y no más de cuatro, y todas han desaparecido. Nunca se sabe, le replico. Y él, o yo, me contesta que lo único que es seguro es que he desperdiciado otras dos oportunidades. Y a mí me duele la cabeza. Y le digo que me deje, que siga discutiendo con mi tercer yo hacia dónde ir, que yo me voy sólo por este desierto.

Pero apenas he avanzado unos metros, cuando me doy cuenta de que estoy dando vueltas en círculo a este viejo cascarón. También percibo que mi otro yo tiene razón, que las oportunidades para ser feliz son eso, oportunidades, y que de mí depende no el aprovecharlas, pero sí el intentar aprovecharlas echando todo el fuego en el asador. Y me prometo que no volverá a pasar, que la próxima vez iré al abordaje sin importarme que las balas de los mosquetones silben a mi alrededor, pero sabiendo que es más que probable que, de nuevo, me encuentre en esta cubierta mañana, oteando de nuevo el horizonte.

Y discutiendo hacia dónde ir.
 
posted by Sam at 7:06 p. m. | 3 comments
martes, 3 de julio de 2007


Creo que era Pascal el que decía aquello de que el corazón tiene razones que la razón desconoce.

Muchas veces hacemos cosas sin saber por qué, y luego nos preguntamos por qué hacemos ciertas cosas. Sí, sin duda estarás de acuerdo conmigo en que Pascal tenía razón.

Sin embargo, y esto lo digo yo, si el corazón puede tener razones, la sinrazón no puede proceder de un corazón. Me estoy refiriendo a Nueva York, Casablanca, Madrid, Londres, Bali, Bagdad,... y ese largo etcétera de lugares golpeados por gente desalmada, gente sin corazón, personas (¿?) que no atienden a razones y cuyo argumento es el terrorismo.

Si no conocemos las razones del corazón, ¿cómo podemos pretender entender qué mueve a un terrorista a matar? ¿qué ideal permanece puro cuando está manchado de sangre de inocentes?
 
posted by Sam at 3:55 p. m. | 2 comments