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Tratado de la introversión de un extrovertido
martes, 19 de septiembre de 2006

Esa sensación de quiero pero no puedo. Ese sentimiento de frustración permamente. Esa espinita clavada que, cada vez que te mueves, te pincha. No es que duela, es que jode. Te recuerda que está ahí, te trae a la memoria en qué fallaste. Si es que fallaste, si es que tuviste la culpa de algo, de lo que sea. Existir no cuenta.

Y aquí estamos, tú y yo otra vez, viéndonos a las tantas de la mañana porque si no sabes que no podrás dormir. Y necesitas tanto descansar...

Y esa voz silenciosa que hace retumbar en tu cabeza la Pregunta, con p mayúscula, "¿por qué?" ¿por qué de nuevo? ¿por qué este sino? ¿por qué debo de sangrar para avanzar un paso cuando otros van en carruaje? ¿no había otro camino con menos piedras? ¿tenía que ser a la fuerza este muro de afiladas zarzas?

Y la ansiada felicidad que nunca llega. ¿El Santo Grial? sí, es por ahí a la derecha.
 
posted by Sam at 3:17 a. m. | 0 comments
domingo, 17 de septiembre de 2006
Levantarte y sentir que tienes algo importante que hacer. Que le importas a alguien, o que alguien te importa. Esa canción que hacía tanto que no escuchabas suena de repente en la radio y era justo lo que te pedía el cuerpo. Un baño relajante, con permiso de la sequía. La sonrisa agradecida de aquel niño cuando recuperaste su globo de helio de las ramas de aquel árbol. La quiniela con los amigos, las horas delante del espejo antes de quedar con ella -o con él-, el amigo que se fue a África y hace años que no ves. Esa llamada que tanto esperabas, por fin llega, aunque dejas que suena un par de veces para no parecer ansioso. El pájaro que se posa en tu ventana.

La ilusión. Siempre necesito algo con lo que ilusionarme, con lo que llenar mi mente. Algo que me diga que estoy vivo, que vuelva locas mis neuronas con actividad frenética, que me haga hiperactivo, ya sean clases de chino o intentar mejorar sustancialmente en el trabajo. O el gimnasio, la piscina o la dieta. No importa lo que sea, siempre debe de tener un objetivo para alcanzar y, cuanto más difícil sea, mejor, porque más épica será la victoria.

Dicen que para que exista ilusión, un sueño debe de ser inalcanzable, porque en el momento en que se alcanza se pierde la ilusión y uno siente un vacío. Bien, yo prefiero alcanzar todos y cada uno de mis sueños, para poder soñar con otra cosa después.
 
posted by Sam at 2:36 a. m. | 0 comments
jueves, 14 de septiembre de 2006

Dos cosas temo en esta vida y ninguna de ellas es una persona, porque todos somos mortales y, por lo tanto, vencibles.

Una de ellas es el fracaso. No soporto la derrota, no concibo ningún aspecto de la vida por diversión, todo es una negociación potencial, cada acto es un reto. Sobreviven los más preparados, los mejores, los más competitivos. Busco constantemente la superación personal, en todos los aspectos de la vida, rebasando los límites una y otra vez, tanteando hasta dónde soy capaz de llegar, pero nunca pisando cabezas para ello. Porque no soporto a los tramposos, ni a los traidores, ni a los trepas, que en sus propias acciones reconocen implícitamente que son peores que tú, pero que pueden pasar por encima tuyo en cuanto te descuides.

La otra es la soledad. Cuando voy caminando por un parque y veo un anciano sentado solo, con esa cara de tristeza perenne que sólo conceden las arrugas que surcan su rostro, me pregunto cómo habrá sido su vida, porque lo que a veces no nos paramos a pensar es que esa persona no siempre habrá sido anciano, no habrá estado en todo momento sentado en ese banco de ese parque. Y la pregunta final siempre es la misma, ¿no tendrá a nadie? seguida de ¿quién seré yo dentro de un año, diez o cincuenta? La soledad es el peor castigo que se puede soportar, sobretodo cuando el ser humano es un ser social; todos necesitamos a alguien, todos, y aquellos que se creen totalmente independientes y autosuficientes son los que más necesitados de afecto están. ¿De qué sirven las alegrías si no las puedes compartir? ¿de qué te vale el dinero si no lo puedes gastar con los que quieres -y te quieren-? ¿quién te va a consolar en los momentos difíciles?

Soledad y fracaso, fracaso y soledad, ambas intangibles, pero las dos me encogen el corazón sólo de pensar que puedo tener que enfrentarme a ellas.
 
posted by Sam at 5:04 p. m. | 0 comments