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Tratado de la introversión de un extrovertido
jueves, 12 de octubre de 2006
Cuando buscas algo y no sabes el qué, debes preguntarte en primer lugar qué es lo que no buscas. Viene a ser como cuando contestas una pregunta de un test con cuatro posibles soluciones, puede que sepas las respuesta y la pongas sin dudar, o puede que sepas qué es lo que no es correcto y escojas la respuesta correcta por eliminación. Bueno, la vida es algo parecido, vas escogiendo las opciones que te permite aunque a veces no tienes idea de qué quieres. Sin embargo, lo importante es tener la oportunidad de elegir tu propio camino, porque si te equivocas el error será tuyo, pero no forzado por los acontecimientos.

Del mismo modo, al buscar la felicidad tal vez no sabemos qué es lo que nos va a llevar a ella, pero seguro que no tenemos ninguna duda de qué no nos conducirá a tan ansiada meta. La felicidad es un concepto tan abstracto y dependiente de tantas variables que es extremadamente complicado saber cómo lograrla, si es que el concepto felicidad como ausencia de toda perturbación interna realmente es alcanzable. Pero si bien es posible que nunca podamos ser realmente felices, sí que existen momentos de felicidad absoluta, generados por sensaciones; son momentos irreproducibles, porque si intentamos repetir las circunstancias en que fuimos felices el simple hecho de añorar aquel momento anterior provocará que no lo consigamos.

Estos momentos efímeros de felicidad, puntuales, son provocados cuando menos te lo esperas. Ejemplo. Madrid, 20.00H, M50, el sol se pone y genera con las nubes un tapiz de añiles y naranjas, en contraste con el hormigón que me rodea por todas partes. Yo voy por el carril de la izquierda a 130 km/h y no llevo a nadie detrás dándome las largas. A pesar de que es puente, no hay demasiado tráfico, en ESE momento no hay demasiado tráfico. Y en la radio suena una canción, cualquiera, eso es lo de menos, pero es LA canción adecuada para ESE momentol. Cinco, quizá diez segundos de felicidad, y se siente como un bálsamo en el alma. La sonrisa me dura al menos 20 kilómetros.

La felicidad permanente es utópica, pero es totalmente real que, a veces, se puede ser del todo feliz.
 
posted by Sam at 12:28 p. m. |


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