Abro la cartelera y miro de arriba a abajo lo que tengo de menú. Uf, paso.
En el último mes he visto como a unos marines guaperas que no se manchan les matan unos engendros nucleares en El Retorno de los Malditos, como un psicópata va matando gente en una película lenta y mala en Zodiac, como un Jim Carrey al que no le pega el cambio de registro iniciado en The Majestic busca una casuística con un número veintitrés que podría ser un veintidós o un veinticuatro.
He visto a una Jennifer López en Juárez compartiendo cartel con un Antonio Banderas al que le daba hasta vergüenza salir en esa película tan cutre, seguro que su muerte a mitad de la película es petición suya a los guionistas. Sí, hablo de Ciudad del Silencio. Por cierto, sale Juanes en videoclip a mitad de la película, tal vez a alguna le interese.
Ni siquiera Johnny Depp en la tercera entrega de los piratas llega a engancharme de verdad, a pesar de que es una gran película, que nunca llegará a obra maestra ni me gustará tanto como las dos primeras entregas. Sin embargo, es lo mejor que he visto en cine este año, salvando los trescientos espartanos recreando la batalla de las Termópilas contra un afeminado Xerxes.
Hace tiempo que no lloro viendo una película, hace tiempo que no me agarro a la butaca del cine, hace tiempo que en mi vida no hay emoción a pesar de que me la juego a diario. Creo que, al igual que al pirata Davy Jones, alguien me ha secuestrado el corazón y lo ha guardado en una caja, y paso mi vida aquí sentado tocando tristes canciones en mi imaginario piano.

Oferta de empleo: se busca un artificiero que sepa prenderle mecha a esto.
Por una vez me gustaría no ser el fuerte en una relación...