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Tratado de la introversión de un extrovertido
domingo, 26 de noviembre de 2006
Hoy me he levantado de nuevo con esa sensación; empiezo a preocuparme, lo perenne de esta situación me está empezando a volver loco. Veo amanecer desde mi ventana, veo cuatro, cinco pájaros posados en las ramas y, de fondo, el añil previo al amanecer. Y pienso. Estoy cansado de pensar, de perder mi vida pensando, preocupado por futuros que seguramente nunca lleguen y de pasados que ya no tienen solución.

Vivo del recuerdo, aunque sinceramente no creo que lo que me duele sea perder, ni siquiera una y otra vez, no, creo que lo que duele es lo que pudo haber sido y no fue.

¿Se puede añorar lo que nunca se ha tenido?

¿se puede esperar lo que nunca se ha conseguido?

¿cuántas veces es necesario golpearse de cabeza contra la misma pared para comprender que no va a ceder?

Por eso quiero cerrar fuerte los ojos esta noche y levantarme mañana con una sonrisa en la cara, mirándote a los ojos, sonriéndote, dando gracias a Dios por ser tan grande, por tenerte, y deseando con toda mi alma que jamás se acaben los amaneceres entre tú y yo.


La forma de tu pelo, el brillo de tus ojos, la inocencia de tu cara son un bálsamo para mi alma, todas y cada una de las mañanas ¿qué más da si hace frío fuera si tú calientas mi corazón? ¿qué importa que me golpee una y otra vez contra el muro si sé que aquí estás tú para no dejarme desfallecer?

Déjame abrazarte, deja que te demuestre lo mucho que te quiero, sé que no soy atractivo, tampoco el más gracioso, sé que ni siquiera soy tu príncipe soñado, al menos seguro que así no me habías imaginado. No tengo demasiado, me levanto muy temprano cada día a cambio de unas pocas monedas, pero sí te puedo decir que soy rico en algo, y es en amor, y no sé si te has dado cuenta, pero te amo: te amo tanto que moriría por detener este amanecer, porque el sol nunca dejara de bañar con sus tibios rayos de sol tu cara, porque nunca perdieras esa sonrisa de paz mientras duermes y porque la vida nunca te hiciera sufrir.

Pero me despierto y no estás ahí, ni tú, ni tu pelo, ni tu sonrisa. Y no hay rayos de sol que entren por la ventana, solamente la oscuridad normal de levantarse a las seis y media de la mañana, y no hay pájaros en las ramas ni añiles en un amanecer nublado. Y tu recuerdo se desvanece según pasan las horas, me olvido de tu cara pero no de tu presencia: sé que durante unos momentos estuve contigo, en mi sueño, en tu sueño, y sé que tú lo sentiste, dondequiera que te encuentres. Sólo he escrito estas líneas para, si algún día las lees, sepas que no era cosa tuya, que yo también te sentía, que yo también te soñé.
 
posted by Sam at 7:38 p. m. |


1 Comments:


At jue. mar. 22, 07:00:00 p. m., Blogger tALiNa

Hola!!! pues nada, que despues de tu visita por mi blog, pues que me he pasado a ver... y me ha gustado!!

Los sueños siempre se pueden convertir en realidad, con paciencia!!

ciao