
La sensación de haber podido elegir nos la creamos nosotros mismos, nosotros elaboramos el espejismo del "y si..." para poder torturarnos, para tener una excusa que nos permita creer que, de otra manera, hubiéramos sido más felices. Pero la realidad es que la decisión que tomamos la tomaríamos de nuevo, porque en su momento consideramos que era la acertada, o porque en su momento no teníamos otra opción. Sea como sea, no había elección.
Por eso, la vida es sencilla: una línea recta.