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Tratado de la introversión de un extrovertido
domingo, 11 de junio de 2006
Te voy a contar un secreto: no existe la indiferencia. No sé si ya lo sabías o discrepas, pero desde que el ser humano se ha diferenciado -algo- del chimpancé tenemos una serie de características que nos hacen únicos a nuestra manera. Una es la capacidad de razonar, aunque algunos se empeñen en hablar muchos idiomas y no ser capaz de pensar ni siquiera en uno solo. Otra es ese cúmulo de sensaciones extracorporales que sentimos, lo que algunos llaman conciencia, es decir, nuestra apreciación de lo que está bien y de lo que no lo está. Hay más, pero con tu permiso me voy a quedar con esta última.

El bien y el mal. Ese eterno dilema. ¿Es el ser humano bueno por naturaleza y es la sociedad la que lo corrompe? ¿o estamos predispuestos genéticamente al mal (homo lupus hominis est) y son los condicionantes sociales los que inhiben la expresión del genotipo? un ejemplo, el hombre -y la mujer, a ver qué te piensas- son primates, vamos, monos, y entre los primates lo normal es la heterosexualidad y la poligamia; el resto es anormal, donde el prefijo "a-" indica "negación de", en este caso ya habrás comprendido que significa "no normal". Por lo tanto y por mucho que nos lo quieran vender los ya citados mass media, no, la homosexualidad no es algo normal, como tampoco lo es la monogamia. Somos monógamos porque se nos impone socialmente y porque durante nuestro proceso de culturización a lo largo de nuestra infancia lo hemos asimilado como el hecho "normal".

Sin lugar a dudas: si incluso nuestra sexualidad viene determinada por la sociedad -o la ausencia de ella- en la que nos criamos, ¿no lo va a venir nuestra conciencia?

Vaya, me disperso y no me dices nada, parece que disfrutaras intentando averiguar hasta dónde quiero llegar. Te decía que no existe la indiferencia, que cualquier acción provoca una reacción, de manera que todo nos afecta en mayor o menor medida. La negación de esta afección simplemente es una barrera para no mostrar lo que nuestra conciencia [ ah es verdad, lo de la conciencia iba aquí ] nos dice que es una vulnerabilidad. Se supone que la sociedad fabrica en masa y no quiere elementos débiles en su cadena de montaje. Es por eso por lo que nos hace creer en nuestra autosuficiencia, nuestra madurez, nuestra independencia.... no necesitamos de nadie ni de nada, porque potenciamos nuestras fortalezas y escondemos nuestras debilidades. Cuando algo nos afecta, no lo reconocemos (¿cuántas veces has dicho eso de "la procesión va por dentro"?) y decimos que nos resulta indiferente.

Pues es mentira. Todo nos afecta en algún grado, aunque las mismas cosas no nos afectan de la misma manera. ¿Por qué? pues por el proceso de socialización del que antes hablaba, ya que en dos personas difiere totalmente, así que debemos esperar comportamientos diferentes ante el mismo problema. De todas formas no te quiero aburrir demasiado con un texto excesivamente denso, sólo espero que este artículo de hoy no te haya dejado indiferente.